MUY BIENVENIDOS TODOS

Del mismo modo que un jardinero cultiva su terreno quitando las malas hierbas, plantando las flores y frutos que necesita, así puede un ser humano, cuidar el jardín de su mente, limpiandolo de todos los malos, inútiles y limitantes pensamientos, cultivando hacia la perfección las flores y los frutos de pensamientos correctos, positivos, útiles y puros.”

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sábado, 7 de julio de 2012

EL ANGEL


 

 


Esta dura batalla de vivir nos embarulla..
Queremos abarcarlo todo con los brazos abiertos, extendidos y los ojos perdidos en un horizonte circular

que se aleja a cada paso que damos hacia él...
Estos ojos vueltos hacia afuera, siempre hacia afuera, tratando de descubrir la precisión de los contornos,
la realidad de las imágenes.
Esta mente con su fichero numerado, catalogando cosas, actos, pasiones, sentimientos, gentes...
El trabajo es arduo, interminable, la balanza no cesa de pesar.
Ayer teníamos un jardín con mariposas, con charcos, con un ángel de conocido rostro que enlazaba la
diminuta mano de la infancia y los enseñaba canciones para entonar la música de las rondas...
Queríamos porque si..No nos culpábamos de nada ni buscábamos culpables.
Éramos blancos, íntegros y nuestros.
Nos asombrábamos de la maravilla de un flor, de los ojos fosforescentes de los gatos en las noches, de los
bichos de luz, de la voz de la madre anunciando la sopa caliente y los buñuelos, del padre fuerte y
cansado regresando a la tarde del trabajo La vida era un abrigo tibio en el invierno y un aire azul por el
que el cuerpo nuestro navegaba en el verano...
Un aire azul y un ángel... siempre un ángel.
¿Qué pasó después? Amontonamos cifras , dimos nombres a los ríos y a las ciudades, dimos nombre
a esa ternura natural que surgía de nosotros
como un manantial interminable.
La llamamos amor y escogimos cuidadosamente a quienes podían recibirlo a quienes podíamos aceptárselo.
Y aquel camino ancho, aquel camino llano se fue estrechando hasta transformarse en una callecita
angosta, en un desfiladero por donde solo podemos pasar de uno en fondo, de uno en fondo
 y cada vez con menos equipaje.
Lo primero que dejamos fue el ángel, después los sueños, más tarde la ilusión, la fantasía y hasta la generosidad.
Cada vez más desconfiados empezamos a escrutar los ojos de quienes nos rodeaban a estudiar sus
 movimientos... ¿iban a acariciarnos o a golpearnos?
Nuestras alforjas se llenaron de inquietudes, de miedos, de vanidades de egoísmo.
Separamos lo nuestro de lo de los demás, pusimos un cerco para proteger nuestro lugar, bebimos
ávidamente nuestra agua, comimos hambrientamente nuestro pan más del que nuestra hambre nos
pedía, por las dudas de que alguna vez llegara a faltarnos y empezamos a llamar superfluas a cosas como
los barriletes, las oraciones y los milagros..
Y ya el cielo no nos pareció tan grande ni la tierra tan inmensa ni tan valiente el hombre, ni tan tierno el pecho
 amigo, ni tan desinteresada la mano que se ofrecía a estrechar la nuestra.
Y defendiéndonos de los otros, los marginamos, pero la culpa es nuestra, porque miramos al hombre con su
traje planchado y sus zapatos nuevos y su nombre completo olvidando que adentro de cada uno hubo
un chico que jugó en el mismo jardín que un día tuvimos, un chico con un ángel igual al ángel
que nos llevaba de la mano, No quiero ser amarga solo quiero decirle que he sufrido como usted
como todos, solo quiero decirle que estuve triste como usted como todos y de pronto me sentí
encerrada, incapaz de dar un paso más, de reír, de ser feliz, completamente feliz..hasta hace un rato.

Hace un rato crucé por una plaza, no se por qué pasé junto a las hamacas y un chiquito me dijo:
"hamáqueme fuerte, quiero tocar el cielo con los pies", me lo dijo sin preguntar mi nombre, sin
 preguntar si yo era buena sin preguntar cuanto dinero llevaba en mi cartera. Solamente me dijo
 hamáqueme hasta el cielo y no se puso a calcular cuantos metros lo separaban del cielo.
¿Para qué? estaba allá , era azul, era ancho. También podía
 ser suyo...Tenía derecho a él.
Dejé mi cartera sobre la arena y lo hamaqué con todas mis fuerzas.
"Lo toco!" gritaba entusiasmado. "Lo toco ve?". Reía.
Y su risa era una cuchara tintineando en el cristal del aire.
Y mi risa era también una campana azul en el aire de enero.
Alguien a mi costado reía conmigo.
Reía en esta tarde, reía porque si.
Era el ángel...el ángel antiguo y vapuleado, el ángel de la infancia que por fin encontró un lugar libre
 junto a mi, y sin pedir permiso, se agarró de mi vestido, se zambulló en mi cuerpo y me
 ayudó a hamacarlo. En la mitad del día, en la mitad del dolor, quebrando la seriedad de
nuestro oficio de adultos austeros, reconcentrados, grises, hay siempre un chico volando en una hamaca.
Un chico que somos nosotros mismos, queriendo tocar el cielo como sea.
Basta con detenerse a hacerlo.
Basta con agarrar su mano leve y decirle despacio las cosas más disparatadas y hermosas;
que es lindo estar vivo, que el corazón no necesita un motor a chorro para tocar las nubes pues
sube solo como el incienso de las bendiciones, si lo dejamos escapar un instante de la rutina.
La verdad es esa, simplemente esa cosa tan simple que de tan simple tenemos olvidada.

Cuando dejé la plaza en mi pecho reverberaba una fuente. Iba sonriendo. Algunos
 se detuvieron para mirarme y sonrieron también.
Creían que le sonreían a una muchacha sola y un poco loca que se reía por nada.
No sabían que también le estaban sonriendo a un ángel invisible que iba colgado de mi brazo.

QUE EL AMOR SEA SUFICIENTE

 

 

Cuenta conmigo 
 
El ángel está como suspendido en un estante alto de la biblioteca, con su gesto preparado
para volar. Ese ángel de madera de guindo hecho por tus manos un tono más pálidas que su
color de oro ruboroso. Qué extraño lo nuestro...
Cada vez que hablábamos parecía que algo profundo nos acercaba, algo con magia y tripas,
 unos lazos de esos que no se desatan nunca más. Pero no.
No había lazos. Ni bien nos separábamos, se soltaban los hilos intangibles que nos unían. Servían
 para unos breves momentos, los del encuentro. La más corta distancia los hacía desaparecer. Y
 otra vez la espera, otra vez volver a ser dos desconocidos, y la espera, la campanilla del teléfono
que no suena, pulsar la tecla del contestador al llegar de la calle... y nunca tu voz con un mensaje...,
y la espera, la espera, la espera... hasta reunir fuerzas y llamarte. ¿Qué tal, "extraño", cómo estás?
No me pases facturas. Tuve unos líos bárbaros, vos sabes cómo anda todo... ¿Las cosas has
cambiado tanto? ¿Ya no es lo más importante el amor, la relación humana, el compartir con otro
 penas, sueños, problemas, alegrías? Escuchar una vieja canción, leer en voz alta aquel poema
de la Vilariñó o la Orozco, usar los ojos como telescopios para encontrar la Cruz del Sur en las
 noches de agosto... Una vez le abrí la pajarera a Magaldi (así se llamaba el jilguero) y el pequeño
 pájaro voló. No tuvo miedo. No se detuvo. No miró hacia atrás. ¡Y nosotros, tan fuertes, tan
pensantes, tan declamadores de frases maravillosas... no nos atrevemos a traspasar la puerta
 que está siempre abierta, que nadie cierra...! Vos ahí.
Yo aquí. No quiero hacer reproches. No quiero oírlos, tampoco. Me parece que tendríamos que hacer
las cosas de otro modo. Dejar que el amor sea lo que debe ser: la savia del árbol, las alas del alma,
el color del agua, las estrellas en el fondo de los ojos, la locura en el pensamiento, el calor de
la piel... Dejar que el amor sea suficiente.
Que lo demás estorbe, sobre no importe. Con tus manos hiciste un ángel para que me cuidara.
Ahí está. Cerca de mí. Ahuyentando oscuridades y demonios con su aura rosada. Al tallarlo y
 pulirlo pensando en mí, invadiste mi territorio, te metiste en mi mundo reservado y secreto...
¿Cómo vas a salir de aquí? No podrás. Cuando alguien llega donde vos llegaste, ahí se queda
 para siempre. Te parecerá que podes salir, fantasearás con ello, pero no... una red invisible te
 ha atrapado, lo quieras o no. Estás en mi realidad virtual, en este espacio de zorzales que
cantan al amanecer, cassettes que escucho cuatrocientas veces sin parar, libros que releo,
papeles que escribo y no dejo que nadie lea, una alta palmera que veo desde la ventana... Estás.
 Vestido como yo quiero. Diciendo lo que quiero que digas. Pensando lo que quiero que pienses.
Sintiendo lo que quiero que sientas. Porque mi mente está muy entrenada y es capaz de
 fabricar imágenes y situaciones que son las de la vida, o parecidas a la vida.
Quizás sea esos lo que a muchos nos mantenga vivos: soñar que vivimos...
Mientras la vida cree que anda por ahí... Mientras vos creas que andás por ahí. Y no se
 den cuanta, ni vos ni la vida, que si yo no los invento en mí ¡ustedes no existen! Deja que
 el amor sea suficiente. Y que no necesites nada más, porque el amor te alcanza.