perdonar es de valientes



Perdonarse a uno mismo es probablemente el mayor desafío que podemos encontrar en la vida. En esencia, es el proceso de aprender a amarnos y aceptarnos a nosotros mismos “pase lo que pase”. Es la plenitud latente de nuestra personalidad, la que surge de la disposición de aceptar sin críticas la totalidad de quienes somos, con nuestros aparentes defectos y con los talentos de nuestra personalidad. Amarse y perdonarse son esencialmente la misma cosa.

Perdonarse a uno mismo es un fabuloso nacimiento. Es un gozo que surge en los momentos en que tenemos la experiencia directa de la compasión.

Perdonarse a uno mismo no significa justificar un comportamiento dañino para uno mismo o para otras personas. Tampoco significa que uno no sienta remordimiento por el pasado. En realidad el hecho de sentir un profundo remordimiento por el dolor causado forma parte del proceso de curación. El remordimiento puede durar toda la vida, cuando se piensa en cierta persona o en determinado incidente. Pero si hemos de avanzar ese remordimiento no puede seguir siendo una fuerza emocional predominante. Hay que abandonarlo.

El objetivo del perdón es arrojar luz sobre los engaños, temores, juicios y críticas, que nos han mantenido cautivos. Es descubrir la opción de ser libres, venciendo toda barrera y obstáculo, capaz de mirarse en el espejo y decidir “Quién soy”, “Qué quiero”, “Hacia donde voy”.

El motivo más obvio para perdonar es liberarnos de los efectos debilitadores de la rabia y el rencor crónicos. Al parecer estas dos emociones son las que más convierten el perdón en un desafío, a la vez que en una grata posibilidad para quien desee una paz mayor.

La rabia y el rencor son emociones muy intensas que desgastan nuestras fuerzas y energía de diversas maneras. Cuando vayas quitando las capas, probablemente descubrirás que esa rabia en realidad es un sentimiento superficial. No en el sentido que sea trivial o falso. Por el contrario, es un signo que invita a reflexionar, porque todo problema no es tan simple como parece. Pero debajo de ella puede haber otros sentimientos.

Cuando nos perdemos en el mundo de la rabia, nos volvemos sordos y mudos a nuestros sentimientos más profundos. Hemos aprendido a escuchar sólo aquellos que saben gritar más fuerte. Perdonar es ingresar en el mundo de los valientes.

El perdón no exige comunicación verbal directa con la persona a la que “quieres perdonar”. No es preciso ir y decirle: “Te perdono”. Aunque esto puede ser una parte importante del proceso de perdonar, con frecuencia la otra parte advertirá el cambio que se ha producido en tu corazón. El perdón es una actitud de valientes pero requiere de dignidad y de actitudes responsables, producto del amor propio y nuestra reflexiòn.

El amor es siempre la respuesta a una especie de curación. La senda que conduce al amor es el perdón. Al perdonar se disuelve el resentimiento.
Ahora ya estamos en condiciones de perdonar: si deseas hacerlo, pronuncia con voz clara y sonora: “La persona a quien necesito perdonar es... y la perdono por...”

Hay tanto amor en tu corazón que con él podrías curar a todo el planeta. Pero por ahora limitémonos a dejar que ese amor sirva para curarte interiormente. Siente cómo una cálida ternura empieza a arder en el centro de tu corazón, algo afectuoso y dulce. Y deja que ese sentimiento empiece a cambiar la forma que piensas y hablas de ti mismo. Ahora puedes afirmar:

“Perdonar es, para mí, más fácil de lo que pensaba. Perdonar hace que me sienta más libre y sin cargas. Con júbilo aprendo a amarme cada vez más. Cuanto más me libero del resentimiento, tanto más amor tengo para expresar. El cambio de mis pensamientos, hace que me sienta una buena persona. Estoy aprendiendo a convertir el día de hoy en un placer. Todo está bien en mi mundo”.

La vida está comenzando otra vez ahora! Justo en este instante tienes otra oportunidad para perdonar y pasar esa página en la que has estado detenido por tanto tiempo en el libro de tu vida.

No para todas las personas es fácil perdonar, para algunas es una tarea difícil que implica darse el tiempo necesario para aceptar lo que pasó, y comprender que algo tenían que aprender a través de esa experiencia para alcanzar más madurez, fortaleza y compasión. Pensemos que en la medida en que estemos dispuestos a encarar el pasado difícil, podremos desprendernos del dolor, la rabia o el resentimiento mas rápidamente, y así llenar todo ese espacio interior con amor, empatía, alegría y confianza en nosotros, en los seres humanos y en la Divinidad.silvia

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