HERIDAS EN EL CORAZON




Hay misterios difíciles de entender, parecen heridas en el corazón. Y este relato cuenta la historia que se dio en un bosque encantado.

Un árbol frondoso de amplias ramas y hojas verdes crecía como elevándose al cielo, sus raíces abrazaban la tierra, y de lo mas profundo de él parecía beber la esencia misma de la vida. La luz, el viento, la lluvia y las aves del cielo vibraban y revoloteaban a su alrededor. Era de todo aquel bosque, signo de fortaleza y resplandor.

Un día, muy cerca de él brotó una flor, y aquella mañana el árbol le pregunto:
- Hermosa flor, ¿Quién eres tu?

Pero pasó la mañana, la tarde, llego la noche y aquella flor no contestó. Y al día siguiente aquella flor siguió creciendo como arrogante, contemplaba tan solo el sol. Y el árbol volvió a preguntarle:
- ¿Cómo estaba? ¿Cómo se siente?

Y busco halagarla, y la flor seguía creciendo y se hizo más hermosa. Y pasó todo el día y la flor no contestó.

Y llegó pues un día más y el árbol le dijo a aquella flor:
- ¿Cómo te sientes mejor? ¿Prefieres la luz o un poco se sombra o quizás una gota de lluvia?

Más como parecía costumbre, aquel día y aquella noche la flor tampoco contestó. Al ver que el tiempo pasaba día tras otro y aquella flor no contestaba, el árbol quiso ser mas directo, y dio de si mismo frutos y la puso delante de ella, mas paso la mañana, llego la tarde y la noche se hizo oscura y vinieron fuertes vientos y aquel árbol doblo sus ramas y con sus hojas cuidadosamente cobijo la flor. Más la flor no dijo una sola palabra.

A la mañana siguiente aquel lugar estaba cubierto de rocío, pequeñas gotitas como de luz y de cristal, las aves estaban contentas cantaban y volaban mariposas de colores a la flor y al árbol le rodeaban.

Entonces, el árbol le dijo a la flor:
¿Qué podré hacer para que al escucharme me respondas? ¿Quieres una estrella o quieres la luz del sol tan solo para ti?

Más igual sucedió, aquella flor hermosa más arrogante aquel día tampoco contestó. Y sucedió pues que aquel árbol decidió cambiar sus colores y puso pinceladas de todos los tonos en sus hojas y trajo aroma de frescura y extendió sus ramas al cielo como queriendo buscar auxilio mas allá de este mundo.

Y entonces llegó otra mañana y el árbol le dijo a la flor:
- He buscado humildemente tu amistad, te he brindado lo mejor de mí pero no deseo molestarte.

Y pasó aquel día y la flor erguida y arrogante tampoco contestó. Aquella noche, el árbol pareció entristecerse hasta lo más profundo de sus raíces. Y a la mañana siguiente, aquel árbol había fallecido, perdió sus hojas, se quebraron sus ramas y se secó hasta parecerse a cenizas.

Y llegó la mañana y la flor estaba más hermosa que nunca, pero cual sería la sorpresa para todos, que aquel árbol frondoso esta caído, seco hasta sus entrañas. Aquel día no vinieron mariposas, las aves no cantaron, el viento no vino a jugar y el sol arrecio, no había sombras en aquel lugar. Ya al mediodía, todo parecía como seco y quemado.

Fueron las doce y un minuto y aquella flor se marchitó, aquella flor murió.
Y asi la historia terminó.

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