Cuidando la serenidad


Hemos visto como maestros exhortaban
enérgicamente al auto-cultivo de la serenidad,
como una cualidad indispensable
para transitar el sendero espiritual,
así como para ser “el punto de Luz a través del cual
Dios se asoma al mundo”.
La serenidad es la marca de la vida espiritual.
Más aún, es la clave de la felicidad.

La gente, en su mayoría, tiene al menos
un entendimiento superficial de esta verdad.
Mucho le gustaría tener serenidad,
pero no sabe qué hacer para conseguirla.
Dice: “Me gustaría estar sereno en todo momento,
o al menos la mayoría de las veces,
pero ¿cómo lo hago?”
A veces dice: “He trabajado muy duro para conseguirlo;
de hecho, ocasionalmente he trabajado tan duro
en esa dirección que me encuentro bastante cansado.”
Por supuesto que trabajar duro es, de por sí,
una negación de la serenidad, es estar tenso.
Cuando estás sereno, todo en tu vida te viene fácil,
y hasta te es posible dilucidar la solución de un problema
sin que tengas que hacer ninguna oración
especial al respecto.
No hay duda de que a menudo te encuentras diciendo
o haciendo lo correcto casi automáticamente.
Ciertamente tus oraciones tienen mucho más poder
cuando estás sereno.
He aquí una técnica para alcanzar la serenidad.
Primero, deja de apurarte.
Haz lo que sea necesario, pero sin abalanzarte.
Segundo, entrénate a pensar sólo
en lo que te gustaría pensar en el momento.
Tercero, haz una regla de mantener tu mente
allí donde te encuentras,
o en lo que sea que te ocupe en el momento.
No la dejes deambular a otros temas o lugares.
Si te ocupa la consideración de cierta cuestión,
no permitas que tu mente deambule a otros asuntos;
o, si no te queda más remedio,
deja de pensar en la primera cuestión
y dale tu plena atención a lo otro.
En pocos momentos caerás en la cuenta
de que no es esto lo que deseas considerar hoy,
y regresarás al asunto importante.
Y, con toda seguridad, tus pensamientos
no volverán a deambular más.
La mente de mucha gente está constantemente corriendo
de un lado para otro en todas direcciones.
Naturalmente, esto hace que sea imposible estar sereno.
Aquiétate -no es que tengas que estar
especialmente lánguido o callado, sino quieto.
Puedes ser sociable y amigable,
y aún así estar quieto mentalmente.
Cuando has alcanzado la serenidad,
serán extremadamente raras las veces
en que sentirás excitación descontrolada, ira o miedo.
No sentirás melancolía.
Por el contrario, estarás más feliz que nunca.
Practica la serenidad de esta manera,
y te sorprenderá lo rápido que se volverá un hábito.
Claro que no hablarás de esto con otra gente.
Notarán un cambio en ti, y la apreciación y respeto
que sienten por ti aumentará de manera considerable.
“Estad quietos, y conoced que yo soy Dios.”

Entradas populares de este blog

SUEÑOS--