La olla mamà.






        

                             
         Cuentan que en un pueblo de Bagdad, vivía un señor de nombre  Amir . Un día cualquiera disidió pedir prestada a su vecino una olla grande y  tentadora, que alguna vez había visto en la mesa  del patio del vecino. Este señor de nombre Jasan, no era lo que se dice una persona  de tener buenas  relaciones con la gente del barrio, pero, a pesar de su condición de poner distancia , se vio obligado a prestarla.
        Así, en cada ocasión que Amir solicitaba la olla en calidad de préstamo, Jasan, sin mucha simpatía , accedía y se la prestaba. Tantas veces que la solicitó, tantas veces la devolvió.
        Un día, cuando  Amir regresó a devolver la olla, Jasan  comprueba que dentro había una olla mas pequeña.  Perdón -dijo- esta ollita no es mía.
        Si - contestó Jasan - yo también me sorprendí, pero la olla tuvo un bebé.
        Si bien consideró que era  absurdo, aceptó quedarse con la pequeña olla.
        Pasaron unos días  y Jasan volvió a pedir prestada la olla que había sido mamá. Nuevamente sin mucha predisposición , el dueño la vuelve a prestar.
       Los días comenzaron a pasar y  Amir  no la devolvía. Preocupado, Jasan se acercó a la casa del vecino a pedir su devolución. Cuando se abrió la puerta de calle, el vecino con rostro triste y con la voz quebrada le dice : disculpe señor, lo siento mucho pero, la olla, se murió.
      ¡ ¿ Cómo que se murió? !- preguntó Jasan _
      Si  si, en realidad no sé como, pero amaneció muerta.
      ¡ Escucheme !, ¿ usted cree que soy tan tonto como para  aceptar la muerte de una olla ?
      Mire vecino - contestó Amir - si aceptó el embarazo de la olla, ¿ por que no habría de aceptar la muerte?

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           Se trata de no ser hipócrita y de actuar  con decencia........Si por conveniencia no lo sos, acepta las consecuencias.

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