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 Cuando hacemos nuestro trabajo espiritual -compartiendo, transformándonos, compartiendo de nuevo- muchas veces tenemos la oportunidad de ayudar a otras personas a volverse más fuertes y más exitosas. Es importante recordar que aunque ellas no atribuyan su crecimiento o su éxito a nuestra contribución, no significa que no hayamos tenido éxito.
A menudo esperamos las gracias, el crédito, el reconocimiento de nuestra participación en el proceso. Lamentablemente, cuanto más esperamos, y más esperamos, en realidad más lo perdemos.
Nos confundimos acerca de lo que es nuestro y lo que no lo es. Ya se trate de nuestra carrera profesional, nuestros amigos o nuestra familia, cuando sentimos que algo es nuestro, empezamos a perderlo. Si observas el éxito verdadero, éste siempre viene sin apegos. Debe ser menos importante para nosotros cómo ven los demás nuestra contribución y es más importante cómo el universo la tiene en cuenta.
Cuanto más apego tenemos, en realidad menos obtenemos. Cuanto más control queremos, menos acabamos controlando. Cuando soltamos, no que renunciemos a nuestra responsabilidad sino cuando actuamos como un verdadero líder, dando libertad de acción al segundo y tercer nivel por debajo del nuestro, podemos hacer y lograr mucho más.
Soltar significa confiar más en el Creador. Saber que puedes llegar a más personas y compartir más si controlas menos y dominas menos, no es fácil de implementar. Esto requiere un cambio de conciencia.

El buen liderazgo viene con la confianza y la delegación de responsabilidades; eso le da poder a la gente que está detrás de ti o por debajo. Cuanto más éxito queramos tener, más necesitamos encontrar una forma de compartir parte de esa presión y ese control con la gente que está a nuestro mando, y animarles a que ellos hagan lo mismo que con los que están a su mando, y así sucesivamente.
El universo funciona de forma que un poco de todo lo que tenemos y trabajamos no puede ser para nosotros; no podemos disfrutarlo, beneficiarnos y hacer uso de esa parte. Intentar aferrarnos a todo sólo hace que las cosas se vuelvan más pequeñas.
Nada es completamente nuestro. El universo va a enseñarnos eso por el camino más duro si no lo entendemos por nosotros mismos. Y cuando se trata de esas personas -hijos, amigos, familia y compañeros de trabajo- a las que sabemos que podemos influenciar para mejor: ¿cómo podemos asegurarnos de que las lecciones que reciben de nosotros serán las adecuadas? Cuanto más soltemos y no intentemos tener el control absoluto, más podrá el universo suplementar su proceso de aprendizaje.
¿Cómo podemos asegurarnos de que esa experiencia o lección es la que necesitan experimentar? No intentando controlar todo. El universo y otras personas les enseñarán, de la misma manera que el universo nos enseña a nosotros.
Durante esta semana, pues, practica el desapego. Suelta el control. Deja que todo el mundo goce de los frutos. Cuando plantas una semilla, cien personas pueden gozar de los frutos, así que no trates de quedarte tú con todos.

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